La Semana Santa, para los cofrades, es un toda una explosión de los sentidos del hombre. Con la vista nos deleitamos con el orden, la elegancia, el saber estar de un cortejo Procesional en la calle.
Con el olfato nos llegan esos olores a azahar, incienso, cera derritiéndose, el aroma de las flores de un misterio o un palio.
Con el gusto apreciamos lo rico que están esas torrijas echas por la abuela o por mama, ese arroz con leche.
Con el tacto nos recorre un escalofrío cuando pasa por delante de ti un paso y estiras el brazo para poder tocarlo.
Y por último la audición. Esa música cofrade que es guía sonora para saber por donde va transcurriendo una procesión y que una vez que lo encuentras te dejas llevar por esas notas y acordes interpretados por todos esos chavales que se dejan los labios, manos y el corazón para que nuestros amados titulares procesiones por nuestras calles.
Son esos mismos músicos de las Agrupaciones los que desde muchos meses antes de la Semana Santa están en su lugar de ensayo día tras día a la intemperie, pasando frío, mojándose cuando llueve y pasando calor cuando es el tiempo, para que a Jesús en su Pasión y Muerte le sea mas liviano el sufrimiento escuchando esas marchas tras de si. Tan solo hay que fijarse con la cara de ilusión que afronta la primera salida procesional de la semana, y la cara de cansancio pero a la vez satisfacción el último día de la semana, sabiendo que el trabajo y el sacrificio a merecido la pena.
Desde estas parcas palabras también aprovecho la oportunidad de homenajear a la
Banda del Cuartel de la Guardia Civil de Eritaña de Sevilla, precursora de lo que hoy en día conocemos como Agrupación Musical.
Luis [Titforne]









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